Casi todos nuestros caminos nos "alejan de Roma"

 

El siguiente es un extracto del documento “El siniestro vial latinoamericano”, reproducido por el Doctor Eduardo Bertotti, Director del Instituto de Seguridad y Educación Vial (ISEV)

 

Buenos Aires, 3 de septiembre de 2009 (RENA). Una gran mayoría (salvemos honrosas excepciones) de nuestras grandes vías de circulación en carreteras, semi y autopistas parecen modernas en su diseño y construcción. Pero solo “parecen”. No lo son. Para serlo deberían poseer la calidad de ser seguras.

Mínimas banquinas, hombros, arcenes (o como cada sociedad las llame), medianas inexistentes, señalamiento y demarcación inadecuada o faltante, defensas, guardrail y separadores de sentidos de dirección “agresivos” (new jersey “apoyada” y espaciada en el pavimento!!), curvas sin peraltes (hasta hay algunos ¡invertidos!!), carencia de vías de escape y de amortiguadores de impacto, todo esto y mucho más nos “alejan” del concepto de “camino que perdona” el error, que recomienda el “Informe mundial sobre prevención de los traumatismos causados por el tránsito”.

En nuestra tipología siniestral el camino puede o no contribuir a la producción del siniestro, pero en un gran porcentaje de los casos no colaborará para evitarlo y en otros hasta lo agravará.

¿Las razones?: Durante décadas hemos construido caminos en función casi exclusiva de la vinculación más rápida y económica de los orígenes y destinos para los automóviles, sin analizar en el diseño la función de seguridad de tales traslados. En las infraestructuras viales urbanas hemos privilegiado las vías automotoras sin considerar la seguridad de los tránsitos peatonales y de ciclistas. Ese “culto” por el automóvil impregnó nuestras obras.

Debemos revisar e incluir planificación y diseño de vías públicas para mejorar la seguridad.

”Una red vial planificada” pensando en la seguridad establece una jerarquía de vías con diversos niveles o categorías, cada uno concebido para una función determinada.

En 1998, los Países Bajos presentaron un programa de reclasificación y modificación de las vías públicas, para que cada una de ellas tuviera una función clara e inequívoca. Un estudio anterior había predicho que esta clarificación de las funciones de todas ellas podría reducir en más de una tercera parte la cifra media de lesiones debidas al tránsito por kilómetro recorrido-vehículo, según consta el Informe Mundial citado.