Cromañón: búsqueda desesperada

 

Por la licenciada Maria Cristina Sáenz, miembro WADEM-Asociación Mundial de Medicina en emergencias y desastres, vice-presidenta 2da de la Fundación Foro Humanitario, premio Michael Moles otorgado a reconocidos expertos internacionales en emergencias y desastres, ex directora nacional de Promoción y Prevención de la Salud (Cruz Roja Argentina).

 

Buenos Aires, 4 de enero de 2007 (RENA). Luego de ser convocada, llegué a la morgue judicial donde se entregaban los cuerpos de las víctimas del incendio en Cromañón.

Encuentro-ilusión-desilusión, emociones conjuntas en la espera por reconocer a aquellos que no aparecían en los listados de los hospitales y que padres y allegados suponían no estaban con vida.

A dos cuadras, las listas que informaban de la situación de los derivados a hospitales. Jóvenes sentados en las aceras desolados, mayores y padres buscando apoyo…esperanza y desesperación.

Me encomendaron trabajar en la morgue judicial para coordinar y asesorar equipos y colaborar en la tarea de recepción y apoyo psicológico para los familiares de las víctimas fatales.

Se acercaban los amigos y familiares para saber si vivían sus seres queridos, acompañados en todo momento por socorristas. Allí reconocían, primero con fotos -ya preparadas en una cartelera interna, con la privacidad del caso- la imagen de los cadáveres de los jóvenes que allí estaban.

El personal de la morgue trabajó articuladamente con ahínco en esa tarde de fin de año…Se realizaba una tarea de acompañamiento de dos voluntarios por cada pareja o persona que se acercaba a reconocer a su ser querido y se lo acompañaba hasta el final de su derrotero. Personal de instituciones publicas y privadas articulaban acciones.

Acompañé a la mamá y el papá de un nene de unos 11 años, que al encontrarse con su cadáver le decían: “mi negrito…te fuiste a divertir y mirá dónde te encontramos…estabas tan contento”. Luego quebraron en llanto durante largo tiempo y en el silencio del abrazo continuamos juntos.

Cada hora se realizaba una reunión grupal de aquellos voluntarios que habían participado de la tarea de reconocimiento para ventilar emociones. Recordemos que los voluntarios eran también personas jóvenes en su mayoría y la identificación con las victimas puede generar mayores posibilidades de proyección de sus sentimientos y emociones personales.

Además, la fecha en la que sucedió el hecho es de movilización de emociones per-se, por lo cual había que tener muy en cuenta el momento de la tragedia para prevenir desbordes emocionales.

Primitivo era el nombre del lugar, primitivas las reacciones, como así también el medio por el cual se produjo el siniestro: el fuego.

Cuando se produce una situación trágica, cuando el trauma irrumpe, se administra lo caótico, hay reacciones normales esperables que hay que contener y hay reacciones inesperadas que hay que orientar y dominar. La sorpresa y la envergadura del daño limitan la posibilidad de accionar y de pensar en las víctimas y en los espectadores casuales. Es de esperar, como he observado, respuestas de pánico y pérdida de control, de agresión y de confusión.

Shock-confusión-agitación-negación-bronca-culpa-tristeza y, por último, reorganización de la vida incluyendo el hecho traumático vivido, es un camino a recorrer que cada víctima de este incendio transita. Es como salir de la caverna y ver una nueva luz.

La desolación, la angustia y los efectos de la ansiedad por disrupción eran un fuerte golpe que sólo seria soportado, en primer lugar, por aquellas personas que tuvieran una fuerte resiliencia para afrontar dichas situaciones y por quienes recibieran adecuada contención y auxilios psicológicos para transitar esta catástrofe, además de contar con una base psicofísica óptima.

Los profesionales de la salud mental éramos concientes de que el estrés pos-traumático es susceptible de prolongarse en el tiempo, promoviendo dolencias psicosomáticas y tratamos de lograr que el estrés agudo no se instalara como estrés crónico. Al mismo tiempo, había que detectar patologías psicofísicas preexistentes. Por eso se ofrecería tratamiento luego de la emergencia en hospitales y sanatorios, para elaborar el duelo ante tan grave pérdida.

En ocasiones la reacción es la no reacción, en muchos casos la tristeza se cambia por bronca y en algunas ocasiones la culpa vivenciada, seguramente no real, se pone en otros.

Ante un hecho trágico los equipos saben que es necesario comprender la trascendencia de lo sucedido y el significado de ello y la interpretación que le da el grupo afectado, más allá de la contundente realidad. Escuchar-apoyar-orientar es la tarea del acompañamiento psicológico.

Fue de vital importancia para la persona afectada que registrara que estábamos allí para ayudarlo, para acompañarlo, para cobijarlo, no estaba solo…Fue una relación persona a persona, con un acercamiento afectivo y físico real, con una metodología científicamente sustentada.

Como norma: escuchar más que hablar, no mentir, agregar solo comentarios orientativos que lo saquen paulatinamente de la confusión, enviar mensajes claros y sencillos. Acompañar a la persona a un lugar seguro y contenido, no dejarla sola. Permitir el desahogo, acompañar el llanto, el grito, permitir el grito del alma.

Los trabajadores del rescate, periodistas, transeúntes, los que lo miran por TV, entre otros, también están afectados por el hecho y reciben su efecto, de distinto modo.

Se trabajó con los socorristas realizando talleres de debriefing, en los cuales se invitaba a los asistentes a talleres de ventilación-debriefing psicológico. En ellos trabajé como asesora, en aquel momento en la sede Central de Cruz Roja Argentina. Fui facilitadora de su armado y realización, junto con toda el área del Departamento de Preparación, Prevención y Atención en Desastres, área que tuvo a cargo todo el operativo de Cromañón.

El objetivo del taller era ventilar emociones, evaluar por sí mismos las posibilidades de respuesta ante hechos traumáticos, conocer técnicas de disminución de stress, saber cuándo y cómo pedir ayuda.

También, dar a conocer las reacciones organizacionales esperables en las relaciones interpersonales ante emergencias, el marco científico-teórico que engloba a las acciones, el impacto esperable luego de las tareas realizadas, los efectos de flash back, el recuerdo de imágenes de los hechos, el tiempo esperable de duración de estos.

Siempre se deberían formalizar espacios y procedimientos standarizados de contención emocional de los recursos humanos intervinientes. Gestionar crisis es administrar lo caótico, gestionar riesgos es disminuir las crisis y en algunos casos evitarlas, trabajemos para ello.

El camino de la elaboración para los individuos directamente o indirectamente afectados continúa y para la sociedad es todavía en algunos casos una situación a elaborar e ingresar y/o mantener en nuestra memoria colectiva.