Cromañón: búsqueda desesperada
Por la licenciada
Maria Cristina Sáenz, miembro WADEM-Asociación Mundial de Medicina en
emergencias y desastres, vice-presidenta 2da de
Buenos Aires, 4 de enero de 2007 (RENA). Luego de ser
convocada, llegué a la morgue judicial donde se entregaban los cuerpos de las
víctimas del incendio en Cromañón.
Encuentro-ilusión-desilusión, emociones conjuntas en la
espera por reconocer a aquellos que no aparecían en los listados de los
hospitales y que padres y allegados suponían no estaban con vida.
A dos cuadras, las listas que informaban de la situación de
los derivados a hospitales. Jóvenes sentados en las aceras desolados, mayores y
padres buscando apoyo…esperanza y desesperación.
Me encomendaron trabajar en la morgue judicial para
coordinar y asesorar equipos y colaborar en la tarea de recepción y apoyo
psicológico para los familiares de las víctimas fatales.
Se acercaban los amigos y familiares para saber si vivían
sus seres queridos, acompañados en todo momento por socorristas. Allí
reconocían, primero con fotos -ya preparadas en una cartelera interna, con la
privacidad del caso- la imagen de los cadáveres de los jóvenes que allí
estaban.
El personal de la morgue trabajó articuladamente con ahínco
en esa tarde de fin de año…Se realizaba una tarea de acompañamiento de dos
voluntarios por cada pareja o persona que se acercaba a reconocer a su ser
querido y se lo acompañaba hasta el final de su derrotero. Personal de
instituciones publicas y privadas articulaban acciones.
Acompañé a la mamá y el papá de un nene de unos 11 años, que
al encontrarse con su cadáver le decían: “mi negrito…te fuiste a divertir y
mirá dónde te encontramos…estabas tan contento”. Luego quebraron en llanto
durante largo tiempo y en el silencio del abrazo continuamos juntos.
Cada hora se realizaba una reunión grupal de aquellos voluntarios
que habían participado de la tarea de reconocimiento para ventilar emociones.
Recordemos que los voluntarios eran también personas jóvenes en su mayoría y la
identificación con las victimas puede generar mayores posibilidades de
proyección de sus sentimientos y emociones personales.
Además, la fecha en la que sucedió el hecho es de
movilización de emociones per-se, por lo cual había que tener muy en cuenta el
momento de la tragedia para prevenir desbordes emocionales.
Primitivo era el nombre del lugar, primitivas las
reacciones, como así también el medio por el cual se produjo el siniestro: el
fuego.
Cuando se produce una situación trágica, cuando el trauma
irrumpe, se administra lo caótico, hay reacciones normales esperables que hay
que contener y hay reacciones inesperadas que hay que orientar y dominar. La
sorpresa y la envergadura del daño limitan la posibilidad de accionar y de
pensar en las víctimas y en los espectadores casuales. Es de esperar, como he
observado, respuestas de pánico y pérdida de control, de agresión y de
confusión.
Shock-confusión-agitación-negación-bronca-culpa-tristeza y,
por último, reorganización de la vida incluyendo el hecho traumático vivido, es
un camino a recorrer que cada víctima de este incendio transita. Es como salir
de la caverna y ver una nueva luz.
La desolación, la angustia y los efectos de la ansiedad por
disrupción eran un fuerte golpe que sólo seria soportado, en primer lugar, por
aquellas personas que tuvieran una fuerte resiliencia para afrontar dichas situaciones
y por quienes recibieran adecuada contención y auxilios psicológicos para
transitar esta catástrofe, además de contar con una base psicofísica óptima.
Los profesionales de la salud mental éramos concientes de
que el estrés pos-traumático es susceptible de prolongarse en el tiempo,
promoviendo dolencias psicosomáticas y tratamos de lograr que el estrés agudo
no se instalara como estrés crónico. Al mismo tiempo, había que detectar
patologías psicofísicas preexistentes. Por eso se ofrecería tratamiento luego
de la emergencia en hospitales y sanatorios, para elaborar el duelo ante tan
grave pérdida.
En ocasiones la reacción es la no reacción, en muchos casos
la tristeza se cambia por bronca y en algunas ocasiones la culpa vivenciada,
seguramente no real, se pone en otros.
Ante un hecho trágico los equipos saben que es necesario
comprender la trascendencia de lo sucedido y el significado de ello y la
interpretación que le da el grupo afectado, más allá de la contundente
realidad. Escuchar-apoyar-orientar es la tarea del acompañamiento psicológico.
Fue de vital importancia para la persona afectada que
registrara que estábamos allí para ayudarlo, para acompañarlo, para cobijarlo,
no estaba solo…Fue una relación persona a persona, con un acercamiento afectivo
y físico real, con una metodología científicamente sustentada.
Como norma: escuchar más que hablar, no mentir, agregar solo
comentarios orientativos que lo saquen paulatinamente de la confusión, enviar
mensajes claros y sencillos. Acompañar a la persona a un lugar seguro y
contenido, no dejarla sola. Permitir el desahogo, acompañar el llanto, el
grito, permitir el grito del alma.
Los trabajadores del rescate, periodistas, transeúntes, los
que lo miran por TV, entre otros, también están afectados por el hecho y
reciben su efecto, de distinto modo.
Se trabajó con los socorristas realizando talleres de
debriefing, en los cuales se invitaba a los asistentes a talleres de
ventilación-debriefing psicológico. En ellos trabajé
como asesora, en aquel momento en la sede Central de Cruz Roja Argentina. Fui
facilitadora de su armado y realización, junto con toda el área del
Departamento de Preparación, Prevención y Atención en Desastres, área que tuvo
a cargo todo el operativo de Cromañón.
El objetivo del taller era ventilar emociones, evaluar por
sí mismos las posibilidades de respuesta ante hechos traumáticos, conocer
técnicas de disminución de stress, saber cuándo y cómo pedir ayuda.
También, dar a conocer las reacciones organizacionales
esperables en las relaciones interpersonales ante emergencias, el marco
científico-teórico que engloba a las acciones, el impacto esperable luego de
las tareas realizadas, los efectos de flash back, el recuerdo de imágenes de
los hechos, el tiempo esperable de duración de estos.
Siempre se deberían formalizar espacios y procedimientos
standarizados de contención emocional de los recursos humanos intervinientes.
Gestionar crisis es administrar lo caótico, gestionar riesgos es disminuir las
crisis y en algunos casos evitarlas, trabajemos para ello.
El camino de la elaboración para los individuos directamente o indirectamente afectados continúa y para la sociedad es todavía en algunos casos una situación a elaborar e ingresar y/o mantener en nuestra memoria colectiva.