“La transferencia del SMN no debe ser un juego de revanchas y torpezas”

 

Por el doctor Osvaldo F. Canziani, Co Presidente del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) GT2, Vulnerabilidad, Impactos y Adaptación al Cambio Climático.

 

Buenos Aires, 7 de diciembre de 2006 (RENA). Es muy probable que haya sido el primero en presentar un reclamo por la transferencia de la Dirección General de Meteorología, Geofísica e Hidrología de la esfera del Ministerio de Agricultura a la Fuerza Aérea, mediante la Ley 12945.

La cuestión fue planteada mediante una nota que se canalizó a la Presidencia de la República, hacia el año 1952. En esa época funcionaba todavía el Consejo Nacional de Meteorología, con representantes del propio Servicio Meteorológico Nacional y de los Servicios Meteorológicos de la Fuerza Aérea, la Marina y el Ejército. Recuerdo que, por haberlo hecho de manera anónima, pude apreciar las reacciones opuestas de los miembros que me acompañaban en el Consejo.

Fue por causa de un sumario que se me inició, por una denuncia de uno de mis empleados, que decidí aceptar un ofrecimiento de la Organización de la Aviación Civil Internacional (OACI) cuando me desempeñaba como Jefe del Servicio de Meteorología de la Dirección General de Circulación Aérea y Aeródromos, dependiente de la Dirección Nacional de Aviación Civil. Mi salida, algo accidentada, había sido programada por seis meses para la organización del Servicio Meteorológico Aeronáutico del Paraguay. Sin embargo, mi estadía en diversos organismos especializados de las Naciones Unidas se extendió por unos 26 años.

A mi regreso al país, luego del establecimiento del primer gobierno civil, en 1983, la entonces Secretaría de Ciencia y Tecnología me designó como presidente de la comisión que debía estudiar la transferencia del Servicio Meteorológico Nacional a la esfera civil.

En ese contexto es importante destacar que los más de 30 años transcurridos desde mi presentación reservada (por las razones que todos conocemos en Argentina, donde se cantan loas al capitoste de turno y luego, cuando cae, se lo incinera), habían cambiado las condiciones.

Probablemente, mucha gente omite la importante acción de la Organización de Aviación Civil Internacional en la gestación de servicios de apoyo a la aviación civil. La OACI se crea en 1944 y la Ley 12945 es del año 1945, mostrando una reacción inmediata de las autoridades argentinas ante las urgencias que creaba la falta de servicios de apoyo para la aviación comercial. Por haber sido funcionario de la OACI por 13 años, hasta que pasé a ser Director de la Organización Meteorológica Mundial para América latina y el Caribe, tuve que luchar contra la tendencia generalizada de desarrollar servicios específicos para tales operaciones.

Tal acción era lógica pues, en la mayoría de los países de América Latina, no había sino servicios débiles y mal conformados, sin redes de observación, ni comunicaciones apropiadas. Sin embargo, los casos de países como Argentina y Brasil, con sendos e importantes Servicios Meteorológicos Multidisciplinarios, eran muy diferentes.

Sin embargo, el aluvión de requerimientos planteados por la OACI, llevó, por falta de información seria y por la clásica dicotomía entre ciencia y política, a destruir a la Dirección General de Meteorología, Geofísica e Hidrología que, como su nombre lo indica, se ocupaba de las diversas aplicaciones de las ciencias de la atmósfera.

Debemos recordar que el Ingeniero Galmarini, miembro del Consejo de la Organización Meteorológica Internacional (OMI), era reputado como uno de los Directores más importantes de un Servicio en excelentes condiciones de operación y con redes que, para la época (década del ‘40), eran completas y eficientes.

Simplemente debe recordarse que la red pluviométrica nacional, base fundamental de la información para la agricultura y el transporte (por caminos de tierra), poseía entonces unos 4.000 puestos de observación, operados por gente dedicada y conciente de sus responsabilidades. Hoy la red pluviométrica está cerca de los 1000 puestos de observación, se cancelaron los pluvionivómetros en la Cordillera y, a pesar de que la reciente administración del Servicio Meteorológico Nacional ha reinstalado puestos de observación de evaporación, no se dispone de todos los elementos para suministrar información a las fuentes de producción agrícola-ganadera, que son bases firmes de la economía nacional.

El deterioro se observa en casi todos los estamentos del quehacer público, que están en decadencia, y, por otro lado, los beneficiarios, que son los productores, se han “borrado” en todo lo que hace a la realización de observaciones. La privatización de los ferrocarriles y, más tarde, de las comunicaciones telefónicas, llevó a la cancelación de centenares de estaciones de observación y, consecuentemente, a la necesidad de crear otros organismos que se encargaran de las tareas que, por la focalización del servicio hacia la aviación civil, fueron dejados de lado. Así surgió el Instituto Nacional de Tecnología Agraria (INTA), creado cuando yo estaba ya fuera del país.

El INTA es una institución sólida y junto con las Direcciones Provinciales de Hidráulica (encargadas de los recursos hídricos) ha mantenido en alto el prestigio de la ciencia, en cuanto hace a las aplicaciones de la meteorología y la hidrología a la producción, el bienestar y la seguridad de la comunidad nacional.

La Dirección de Hidrografía Naval también es un elemento trascendente en el quehacer de las ciencias de la tierra, como lo son los institutos y centros del CONICET que se ocupan de problemas concurrentes (criósfera, sequías, ecosistemas naturales, sistemas biológicos vegetales y animales, etc).

Hoy, y esto va para quienes en un futuro próximo deban reactivar los servicios que, honestamente hablando, ha llevado muy seriamente la cúpula actual del Servicio Meteorológico Nacional, la ciencia meteorológica no es útil si se la considera en forma aislada del quehacer ambiental total. Los procesos de cambio ambiental global exigen una planificación seria y completa.

Si para muestra hiciera falta un botón, los esfuerzos realizados durante 1983 y 1984 no sólo se enfocaron hacia la meteorología sino que abarcaban la hidrología también. Las discusiones finales se llevaron a cabo en el Ministerio de Obras y Servicios Públicos de la Nación y contaron con el apoyo de la Secretaría de Recursos Hídricos, de ese Ministerio, la Secretaría de Ciencia y Tecnología y de institutos del CONICET, como el Centro de Investigaciones Biometeorológicas, y del Departamento de Ciencias de la Atmósfera, del cual había sido fundador, junto con los doctores Rolando García Boutique, Héctor Grandoso y José E. Nuñez, en 1953. La muerte inesperada del ministro, Ingeniero Carranza, abortó la transferencia del SMN a la órbita de la cartera de de Obras y Servicios Públicos.

En estos momentos, la transferencia del SMN es un hecho. Sin entrar en detalles, que se definirían con una acción planificadora congruente con la importancia de las ciencias de la atmósfera y los océanos, las ciencias de la tierra en general y los aspectos sociales y económicos, así como la problemática de la salud pública, ante los hechos comprobados de una grave interferencia antropogénica sobre los sistemas naturales y frente a convenciones y acuerdos internacionales (sobre Cambio Climático, Diversidad Biológica, Desertificación, Mar, Humedales, Bosques, requiere que quienes deban ocuparse de reactivar un Servicio Público Multidisciplinario, como lo es un Servicio Meteorológico e Hidrológica Nacional, no utilicen , como es costumbre en los países en desarrollo, la trenza política para terminar de destruir lo que Argentina, como país agrícola-ganadero, dentro un mundo globalizado, debería encarar, sin omitir las urgencias que emergen del ISDR (Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres), el MEA (acuerdos ambientales multilaterales) y los Objetivos del Milenio, de las Naciones Unidas.

Mis 62 años en el quehacer meteorológico, como operador y soporte de servicios específicos en América Latina y el Caribe, y mis 15 en el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, me permiten decir: atención, no destruir sin haber planificado integralmente lo que debe hacerse, no perder gentes de raigambre operativa, como quienes manejarán hasta el 31 de diciembre de 2006 al SMN, no olvidar a las Universidades y Centros del CONICET, ni al INTA, entre otros.

La unión hace la fuerza y Argentina necesita de un Servicio Meteorológico e Hidrológico con suficiente respaldo privado. Los denominados “stakeholders” que se benefician de nuestros servicios públicos deberán, como se hace en los países desarrollados, asumir también sus responsabilidades, muy particularmente porque el desarrollo sostenible tiene tres patas de sostén: la ambiental, la social y la económica.

Bienvenida la transferencia, por la que comencé a pelear desde 1952, pero seamos concientes que esto no es un juego de revanchas y torpezas, sino la integración de intenciones favorables al futuro de Argentina.