Paleoclimatologia y sociedad

 

Por Wolfgang Volkheimer, doctor en Ciencias Naturales de la Universidad de Münster, Alemania. Investigador Superior del CONICET. Autor de más de 100 publicaciones. Ex coordinador de los proyectos internacionales “Southern Hemisphere Paleo- and Neoclimates IGCP/ IUGS/ UNESCO (1993-98) y “Cretácico de América Latina” IGCP/ IUGS/ UNESCO (1985-1989).

 

Buenos Aires, 10 de mayo de 2007 (RENA). La paleoclimatología es el estudio de los climas del pasado. ¿Cómo se puede acceder al conocimiento de las temperaturas, precipitaciones, zonaciones climáticas y la distribución de los diferentes tipos climáticos en el espacio y el tiempo geológico?

Un método efectivo es el de los indicadores paleoclimáticos, que son todos los fenómenos geológicos condicionados climaticamente. Si encontramos en el registro fósil potentes estratos de carbón, podemos deducir que durante su formación hubo condiciones muy húmedas, de precipitaciones pluviales distribuidas sobre todo el año, que permitieron la formación de tales importantes biomasas vegetales. En cambio, si hallamos muy extensas y potentes acumulaciones de paleomédanos, podemos concluír que su formación tuvo lugar en un paleodesierto. Asimismo, si en una sucesión de depósitos marinos fósiles hallamos capas de sales potásicas, concluímos que la cuenca donde estas se precipitaron se encontró en un área de extrema aridez.

Si en el registro fósil encontramos depósitos glaciarios (denominados “tilitas”) de gran distribución areal, sabemos que su depositación se debió a la existencia de un extenso cuerpo de hielo, depositado en condiciones de clima frío. Si conocemos, mediante estudios isotópicos en sedimentos carbonáticos o silíceos, la relación isotópica entre los isótopos oxígeno17 y oxígeno18, podemos deducir las paleotemperaturas reinantes durante su formación.

También las asociaciones de organismos fósiles (plantas, animales, protoctistas) pueden informarnos sobre el paleoclima: un gran predominio de helechos, que son plantas hidrófilas por excelencia, indica climas húmedos y el hallazgo de animales poiquilotérmicos grandes (aquellos organismos que no poseen una termorregulación interna, como la mayoría de los dinosaurios), indica que vivieron en regiones cálidas, porque su gran tamaño no les hubiera permitido esconderse bajo tierra durante la estación fría.

Este método de los indicadores paleoclimáticos se aplica en el marco de estudios multidisciplinarios: El “multi-proxi-mapping” (el mapeo de indicadores múltiples: por ejemplo de anillos de crecimiento anual de árboles, del registro contenido en arrecifes de corales, del estudio de isótopos, del estudio de depósitos en cuevas y de paleofloras y paleofaunas, todos correspondientes a un mismo intervalo de tiempo geológico) permite llegar a conclusiones bien fundamentadas sobre la dinámica paleoclimática de una región dada.

Hasta aquí nos movemos netamente en el campo de la investigación básica. Sin embargo, para la orientación de la sociedad en que vivimos, también importa saber: ¿Qué puede aportar el conocimiento de la dinámica paleoclimática al conocimiento de la posible evolución climática futura, que nos afectará a todos?

Esta cuestión coincide con la reorientación de la investigación científica a nivel mundial, de las investigaciones disciplinarias (“Modo 1”, tradicional), a la integración de la investigación básica con la aplicada. Esta transición de la etapa “académica” (el “saber por el saber”) a una nueva etapa, denominada “postacadémica”, ubicada en el contexto de aplicación, tiene mucho que ver con los intereses económicos de los países centrales, que orientan las inversiones en la investigación científica.

 

La Tierra, un sistema autorregulado

 

La idea de que la Tierra es un sistema autorregulado ha encontrado aceptación general, entre geólogos, meteorólogos, geofísicos, geoquímicos y biólogos solo durante los últimos 10 años. James Lovelock ya había expresado esta idea en su libro: Gaia, una nueva visión de la vida sobre la Tierra (1983); pero recién en la “Declaración de Amsterdam” (2001), en un forum donde estaban representadas las cuatro grandes organizaciones que se ocupan del cambio climático global, los delegados firmaron la declaración que “La Tierra se comporta como un sistema único y autorregulado, formado por componentes físicos, químicos, biológicos y humanos”.

No es fácil explicar con pocas palabras esta idea de la autorregulación, tan fundamental para comprender el funcionamiento del “Sistema Tierra”. Aquí solo mencionaremos que hechos como la constancia de la concentración del oxígeno (O2) en la atmósfera terrestre y la de la salinidad de los océanos se deben a mecanismos autorregulatorios de la biosfera y que el origen del oxígeno atmosférico es debido principalmente a la actividad fotosintética de organismos procariotas (cianobacterias) precámbricos, a los cuales se sumaron en el Precámbrico Tardío (Proterozoico) los primeros eucariotas fotosintéticos (organismos cuyas células poseen nucleo y plástidos).

El equilibrio dinámico (“homeostasis”) en que se encuentra el Sistema Tierra, es delicado. Por el excesivo uso de los combustibles fósiles, que el Sistema Tierra ha logrado almacenar durante millones de años, el calentamiento global está próximo a llegar a sus “límites de elasticidad”, con el peligro de saltar a un nuevo estado de equilibrio que se hallará unos cuantos grados centígrados por encima del equilibrio actual. A nivel biológico le corresponde lo que se ha denominado la sexta gran extinción masiva, que es antropogénica.

 

¿Cuáles han sido las posibles causas de las cinco extinciones masivas anteriores, que se produjeron hace muchos millones de años, sin la existencia del hombre en el escenario de la Tierra y qué podemos aprender del análisis de estos procesos para nuestro manejo futuro del ambiente?

¿Se conocen calentamientos globales previos al que se está desarrollando actualmente y qué registros dejaron estos calentamientos en las rocas?

 

Estas preguntas trataremos de contestar en la próxima contribución al tema.