“Con más de veinte represas vamos a cruzar el río
Uruguay a pie”
Jorge Cappato, director General de
¿Podría esbozar un
mapa de las represas que están en funcionamiento y aquellas en proceso de
ejecución en
En los últimos años se construyeron en Brasil cuatro
importantes represas que ya están funcionando: Itá, Machadinho, Passo Fundo y Barra
Grande. Otras cinco están en distintas etapas de ejecución: Campos Novos, Chapecó, Quebra Queixo, Monte Claro y Castro Alves. Mientras, quince más se
están planificando: San José, San Juan, Itapiranga, Pai Queré, Monjolinho,
San Roque, Garibaldi, Chapecozinho,
Santo Domingo, Pery, Nova Erechim
y Passo da Cadeia, y las
binacionales Garabí, Roncador y San Pedro.
Célio Bermann,
profesor del Instituto de Energía de
¿Qué impacto
provocarán estos emprendimientos?
En pocos años estas casi 25 represas convertirán al río
Uruguay en un conjunto de grandes estanques donde habrá desaparecido la pesca
como actividad rentable, quedarán inundados humedales y bosques en forma
permanente y habrán disminuido enormemente la biodiversidad y la calidad del
agua, un patrimonio de extraordinario valor económico y social en el siglo XXI.
Los embalses de estas represas retendrán el agua, sobre todo
en los períodos de sequía, acentuando las bajantes del río Uruguay. El caudal
del río Uruguay es muy inferior por ejemplo al del Paraná y puede registrar
bajantes extremas. Imagínese que si las represas, sobre todo Itaipú y Yacyretá, agravaron la
última bajante de un río como el Paraná, lo que puede suceder con el Uruguay.
Con más de veinte represas, en un período seco o de pocas lluvias vamos a
cruzar el río Uruguay a pie. Si me permite la ironía, se terminarán los
problemas con los cortes. Pero tampoco habrá agua.
¿Están dadas las
condiciones para que esto ocurra?
El manejo del agua en las cuencas compartidas
internacionales es uno de los grandes desafíos de nuestro siglo. Y el río
Uruguay no es una excepción. Hoy asistimos a grandes transformaciones en la
cuenca, pero no se ven iniciativas para contar con algo que, desde la lógica
elemental, es una necesidad perentoria: un plan para el manejo integrado y
sustentable de
Fíjese ahora, mientras Argentina y Uruguay se enfrentan
gracias a las decisiones de las papeleras Botnia y Ence, Brasil avanza en la construcción de estas represas en
la alta y media cuenca del Uruguay. Un río que,
insisto, ha tenido en el pasado y seguramente registrará aún más en el futuro
bajantes muy marcadas y, previsiblemente, más frecuentes.
Un ejemplo ocurrió en septiembre de 1999, cuando debido a la
falta de lluvias en la alta cuenca, algunos funcionarios de la provincia de
Entre Ríos estaban muy preocupados por el abastecimiento de las plantas de agua
potable, ya que las poblaciones de la ribera este de
¿Hay peligro de que
se registre desabastecimiento de agua en los años venideros?
En aquel momento todavía no se habían cerrado las compuertas
de la represa de Itá, cuyo embalse se llenó en 2000,
y sin embargo en el río Uruguay había una gran bajante. No es difícil imaginar
lo que sería ahora una bajante como aquella y más aún a medida que las veinte
represas que aún falta construir o se están construyendo se terminen.
Hay una prueba contundente del poder y el impacto de estas
obras hidráulicas: el 8 de junio de 2006 las cataratas del Iguazú quedaron casi
secas; la noticia fue destacada por los principales medios y agencias. Hubo
escasez de lluvias, pero lo decisivo fue el cierre de las cinco represas que
construyó Brasil sobre la cuenca del Iguazú: Foz do Areia,
Salto Santiago, Salto Osorio, Segredo y Salto Caxias,
esta última cerca de nuestra frontera.
No es la primera vez; el descenso del río dejó al desnudo
las paredes de basalto. Quedaron sólo unos saltos silenciosos. Las represas cerraron
sus compuertas juntando agua para seguir generando electricidad. Si faltan
lluvias con más razón todas las represas deben acumular, lo que ocurra aguas
abajo parece ser “problema de otros” –sobre todo cuando no hay una clara
regulación ni control, es decir planes de operación y manejo del agua
acompañados de claros acuerdos políticos-.
¿Qué medidas deberían
tomarse ante el panorama que describe?
Es imprescindible contar con un escenario que incluya a las
represas actuales y por supuesto otros escenarios para cuando empiecen a operar
todas las que están en licitación y planificación. Estas represas en la cuenca
del Uruguay modificarán definitivamente los caudales y el régimen hidrológico
del río, complicando el abastecimiento de agua de calidad aceptable
especialmente, insistimos, en los períodos de bajantes que seguramente
ocurrirán.
Volviendo al plan de manejo integrado y sustentable de
¿Cuáles serán las
consecuencias de la suma de estas nuevas represas con las pasteras,
los monocultivos y otros emprendimientos de alto impacto?
En ese escenario se generará la exclusión de numerosas
actividades productivas que necesitan un ambiente limpio y agua de calidad como
la que hoy está disponible en abundancia en los grandes ríos de
¿Afectará a un sector
en particular?
Hay muchas industrias y empresas “amigables con el ambiente”
y otras que potencialmente podrían promoverse, con su correspondiente
generación de empleo, divisas, reactivación de la economía regional y, sobre
todo, calidad de vida para la gente. Más allá de arruinar al turismo, la pesca,
la apicultura y la producción orgánica entre muchas otras, aquellas megaobras expulsarán a todas las empresas que requieren un
ambiente sano y agua de calidad. Detrás de las empresas se irá la gente. Aunque
nadie sabe cómo se pagará este costo; digamos, por citar un daño medible, la pérdida del valor de la propiedad.
¿Podría mencionar
algún caso puntual?
Para dar sólo un ejemplo, ¿se imagina una gran cervecería,
un rubro que genera importantes ganancias y muchos puestos de trabajo, a partir
de contar con agua en calidad y cantidad, viniendo a instalarse sobre el río
Uruguay? Hoy en la costa del Uruguay, al sur de Entre Ríos, pueden verse miles
de pequeñas y medianas empresas que dan prosperidad y son un verdadero muro de
contención y un ejemplo frente al avance de la pobreza que se da en otras
regiones. Todo esto debe entrar en el balance. Cuando se habla de estos temas,
donde está en juego la ecología, pero también la economía y la gente, “hay que
hacer las cuentas completas”, como pedía José Lutzemberger.
¿Hay responsables por
el estado de situación actual?
Estamos escuchando afirmaciones irresponsables que pasarán a
la historia como disparates. Quienes hoy las pronuncian ya no estarán el día en
que las sociedades de los países del Cono Sur deban pagar la hipoteca ambiental
y social que se está generando. Las decisiones que se toman hoy sin medir los
impactos con seriedad afectarán a esta generación y a varias de las que vienen.
¿Puede vislumbrarse
cuántas de las próximas generaciones serán afectadas?
Sinceramente es imposible saberlo. Lo que sabemos y vemos,
ya que los ejemplos abundan y son contundentes, es que en los países llamados
“en desarrollo” se están generando impactos irreversibles. La restauración
ambiental y social puede ser impagable en el contexto de nuestras economías.
Cuando veo la pobreza que no nos merecemos pienso: las promesas se las lleva el
viento, la economía es implacable.