“La gente no cree que la epidemia de sida exista”

 

Doctora Carmen Lent, Coordinadora Ejecutiva del Banco de Horas de Brasil, que ofrece terapias privadas gratuitas por tiempo indeterminado a portadores de HIV.

 

¿El Banco de Horas es un proyecto inédito en la región y el mundo?

 

Totalmente inédito. La Fundación Kellogs, que nos ayudó financieramente en una época, nos llevó a unos 15 líderes de proyectos sociales de Latinoamérica a hacer un seminario itinerante en los Estados Unidos. Y los norteamericanos se caían de espaldas cuando les contaba que teníamos profesionales liberales dando horas. Allá tienen un proyectito. ¿Y de qué pueden tenerlo los norteamericanos? De contadores. Y otro de abogados en Nueva York.

Yo le conté esto en Brasilia a Peter Piot, director de ONUSIDA, cuya mujer es psicóloga. Y decía que es sensacional, maravilloso, que “ojalá todos los hicieran”. Pero es difícil. Es un tema para el cual se precisa activismo.

 

¿Por qué?

 

Los médicos de cualquier nivel, además del tema del corporativismo, tienen –como tantas otras profesiones- una jerarquización, que es vieja como el mundo. Y hay dos temas que se cruzan. Uno es que la epidemia está medicalizada, por la manera en que se instaló, por la rapidez en que precisó un combate, porque había que encontrar antirretrovirales, había que encontrar de todo. Entonces, se corrió por el lado médico. Se medicalizó de una manera tal que se confunde la acción del virus con la epidemia. La acción del virus infecta gente; la epidemia tiene que ver con que se instaló en el lugar más central de la vida humana. Porque si fuera sólo por la transfusión, ya se estaba resolviendo. Se instaló en el lugar más moralizado, en el buen y en el mal sentido: en algunos lugares con hipocresía, en otros con valores. Pero el lugar donde inciden todos los valores de cada tejido social diferente.

En función de eso, si nosotros no trabajamos con la subjetividad, como el lugar donde se junta todo el contexto político, social, económico, en la cabeza de cada uno, y que lo va a hacer actuar en función de ese contexto, no vamos a cambiar la epidemia nunca. Los factores sociales, económicos, culturales y políticos, todos ellos se transforman en mentalidad, son subjetividad. Si no trabajamos con la subjetividad, no vamos a cambiar nada.

Ahora, dígale esto a un médico que nunca hizo un día de análisis, que se formó en una profesión que- como detentora de la vida y la muerte- tiene un poder, y sobre todo en las personas seropositivas, que dependen de cada suspiro del médico, de cada humor, que tienen un vinculo fuertísimo, y por ahí se encuentran con una persona que no tiene la menor idea de psicología, que sufrió mucho con la epidemia, a quien le cuestionaron mucho su saber, que se sintió terriblemente impotente, al que se le murieron 20 personas, y ahora está con otros a los que sacude y les dice “tenés que tomar remedios” y la persona tiene mil resistencias para tomarlos. Al médico no le entra en la cabeza, lo concibe como si fuera el nene que tiene que comer la comida. Y, después, se muere de culpa porque no sabe cómo hacerlo de otra manera. Todo esto no está siendo considerado.

 

¿Cuántos profesionales trabajan en la organización?

 

Doscientos.

 

¿Y cuántas atenciones hicieron hasta el momento?

 

Unas 6 mil.

 

¿Para usted resulta insuficiente?

 

Yo considero que es poco en rigor de lo que se necesita. Una cosa muy conmovedora para nosotros, y que nos gratifica mucho, es que todos los liderazgos de las ONG que trabajan con sida en Río de Janeiro y alrededores, son atendidos por el Banco. Y tuvo un impacto multiplicador, porque esto hizo que fueran mejores líderes y que pudieran trabajar, porque hay una gran proporción de seropositivos en ellas. Eso nos gratificó mucho porque todos ellos se consideran en infinitas condiciones mejores, la adherencia al tratamiento es otra…

 

¿Se trata de un tratamiento de tipo psicoanalítico?

 

Nosotros no tomamos ni estudiantes ni gente recién formada. Tienen que tener como mínimo tres años de formación, de trabajo en clínica. Yo que ya soy vieja en estas cosas, creo que puede ser cualquier profesional, de cualquier línea, de cualquier formación psicoanalítica. Cuando se los digo a ellos, los mejores lo entienden; otros se pelean.

Si tuvieron una escuela seria, una formación seria, y son personas éticas… ¿Además, quien va a querer entrar al Banco si no es ético? ¿Para qué va a gastar tiempo de su vida gratis si no lo es? Si el vínculo es sólido, va a ayudar a la persona de cualquier manera, con cualquier teoría. Eso creo yo, que ya pasé por todas las teorías y soy clínica hasta el día de hoy.

 

¿Quienes coordinan el Banco?

 

Tres personas coordinamos esto. Tenemos un boletín que va a todos los hospitales, a las ONGs que trabajan con eventuales usuarios. No va a una mesita en el rincón de la sala de espera, sino a alguno de los funcionarios del hospital o la ONG, quienes van a hacer una derivación personal. Así se vuelve más fácil para nosotros, porque no tenemos una central telefónica. Nos permite funcionar con tres personas y a los terapeutas les es muy fácil también porque no tienen que hacer nada. En el boletín ni siquiera figura su dirección. Figura su nombre, el registro en el Consejo de Psicología o de Medicina, porque si hacen una cagada tienen que responder a estos, no a nosotros; y el teléfono, lo que obliga a cualquier pretendiente a usuario del servicio a llamar y a marcar hora.

 

¿Y hasta que punto es utópico pensar en la posibilidad de que esto se proyecte hacia todo Brasil?

 

En el sur, varios lugares hicieron proyectos de este tipo, espontáneamente. Ya los empezaron y ahora el Ministerio (de Salud) nos pidió que hagamos una relación con ellos. En el sur, en Curitiba, Paraná, Foz do Iguazú, hay una mentalidad un poco más cercana a la rioplatense, lo grupal es más fuerte. Cuando vas subiendo, se va transformando más en estético- musical- futbolístico, etc. En San Pablo, todavía, tienen un excelente programa. Pero a medida que va haciendo más calor, la gente va más a la playa. Entonces, los grupos son más difíciles de reunir.

 

Son más pequeños…

 

Las actividades grupales son más chicas, la gente no se agrupa. Son factores culturales y de construcción de subjetividad que hacen mucha diferencia. El sur hizo espontáneamente bancos. Yo acabo de ir a Foz do Iguazú y tienen un programa lindísimo. Y al Ministerio le interesa en este momento que los ayudemos a hacer el modelo, traducido a las realidades locales, que son diferentes.

El proyecto está incluido en las Best Practices, las mejores prácticas de la UN Volunteers para Brasil. Es conocido pero tiene características muy especiales. Tiene que tener un profesional conocido, como yo he sido siempre en Río, porque fui profesora de facultad, muchos psicólogos se analizaron conmigo…Cuando yo dije: “Estamos haciendo este proyecto”, se metieron. Tengo credibilidad. Entonces, hace falta una “Carmen”. Después, hace falta una ONG que se interese como lo hizo la que yo estoy. Y se necesita también una relación con los ministerios, para que lo aprueben y le den fuerza. Porque a nosotros nos financió el Ministerio desde el principio. Pero fue muy barato.

 

¿Cuánto gastan por año?

 

Nosotros gastamos por año, medido en moneda argentina, más o menos 50 a 55 mil pesos. Con eso hacemos lo básico: pagamos los salarios, publicamos un boletín. Ellos no te pagan luz, teléfonos, nada. Pero siempre conseguimos a alguien que nos da alguna otra puntita: la Kellogs, UNESCO, Elton John.

Y siempre, a todos los congresos que hemos ido, quieren hacer bancos. Yo creo que en Argentina no es difícil.

 

En Argentina existe, por ejemplo, SAPSED, que es un grupo de psicólogos que se encargan exclusivamente del tema Emergencias y Desastres. Con un tema como este, que es absolutamente prioritario, tendría que haber profesionales que se ocuparan…

 

Sí, tendría. Ahí entra otra cosa, que es la inclusión del tema subjetividad en general, en todos los profesionales, los parientes y la población. Porque la sociedad también tiene una especie de negación de la existencia de esto, que es dolorosa. No sólo acá sino también en Brasil. Porque es invisible y por eso nosotros estamos haciendo una campaña, llamada “SALUD ES” que es preciosa y no sé a quien se la vamos a vender. Yo estoy desesperada tratando de venderla, pero no soy una buena vendedora. A todos les encanta. Vamos a ver qué pasa.

 

¿Y en qué consiste?

 

SALUD ES en todos lados. Un show de música, donde está escrito: “participar, convivir, actuar es salud. Salud es combatir el sida”. Son frasecitas chiquitas. Pero lo que creemos realmente, y desde el punto de vista de la subjetividad, es que hay que inundar el cotidiano de cualquier ciudadano con este tipo de noticia.

Yo paré de fumar cuando la televisión brasileña hinchaba todo el día con que “el Ministerio de Salud advierte: fumar hace mal a la salud”. Nadie me decía “pará de fumar”. Y yo quiero que las personas hagan lo que quieran. Que digan: “bueno, yo no me voy a proteger”, pero que sepan. Que en el momento en que dicen eso, sea una decisión consciente hasta donde puedan. Porque además de eso se van a ir a un show de música, se van a ir a la cancha a ver un partido, a ver una película, y les van a pasar esto por todos lados.

 

Ustedes tienen además un banco cultural ¿Está ligado con el Banco de Horas o es independiente?

 

El Banco de Acciones Culturales lo hacemos al mismo tiempo. Empezamos con un show de música en el Municipal, hicimos otro en Bellas Artes, realizamos un concurso con chicos de escuelas municipales, hicimos un Simposio Internacional de Subjetividad. Todo eso lo llamamos “acciones culturales”. No es nuestra misión, pero de paso lo hacemos porque, entre otras cosas, nos preocupa mucho la invisibilidad de la epidemia. Yo cuando puedo hablo de esto en la televisión, escribo en el diario, pero es como que se necesita una especie de acción constante.

 

¿Hay alguna diferencia entre las sociedades brasileña y argentina respecto de esta invisibilidad o es exactamente igual?

 

Yo creo que es igual. En algunas cosas es peor, porque la argentina es una sociedad más cerrada a las diferencias sexuales, a la diversidad sexual. Pero por otro lado, Río de Janeiro es como el emperador del mundo gay. Todo eso existe. Por ejemplo, uno de los grandes méritos de la sociedad civil es que lo que consiguieron fue al principio gracias a las sociedades gay. Porque en el ’89 se juntaron e hicieron fuerza.

Pero me acuerdo cuando fui a Ámsterdam, les decía a todos los brasileños: “ustedes saben que yo soy una ciudadana fuera de sospecha, que no discrimino a nadie, pero esto es white, north and gay; es blanco, del norte y gay. Y hay gente que tiene sida y no es gay”. Porque en el norte ya es al revés. Ganaron mucho en término de derechos civiles y humanos. En Brasil está muy en pauta la unión civil, que antes no existía. Todo eso es maravilloso, pero al mismo tiempo hubo que empujar mucho para decir que la epidemia está más allá de la comunidad gay.

En Argentina creo que eso retiene un poco y ayuda a la invisibilidad. Hay una especie de moralismo mayor, en algunos sectores. Brasil no es poco moralista, pero es algo diferente. Son dos sociedades muy machistas, lo que también ayuda muchas veces a la invisibilidad.

Es muy difícil esta cuestión. Creo que realmente la invisibilidad es una consecuencia directa de la negación. Y la negación, una consecuencia directa del moralismo, por la manera en que se transmite. Porque la gente tendría que revisar todos sus valores. Las mujeres tendrían que revisar su posibilidad de negociar un sexo seguro, que no pueden, porque ahí viene toda la cosa de género. Y eso atraviesa todas las clases.

Cuando se dice “porqué la gente no atiende la información”, en realidad hay que cambiar la pregunta. Porque la gente no cree que existe epidemia. Si crees que la epidemia no existe, no vas a hacer nada. Una de las cosas que hay que hacer entonces es inundar al ciudadano con la idea de que la epidemia existe. Después puedes hablarle del

profiláctico.